O la crónica ignorada de un mal divorcio anunciado
Aseguran los entendidos, expertos en el ya denominado popularmente como el “conflicto catalán”, que en las últimas semanas pululan por radios y televisiones en transmisiones eternas y debates viscerales que no escatiman en señalamientos y hasta en insultos, que nunca hasta ahora, en los más de seis siglos de unificación tras en matri de los reyes católicos, el concepto y el sentimiento de unidad de España se vio tan cuestionado y amenazado.

Y es que ya sin dramatismos ni exageraciones, propias de esos tertulianos, lo cierto es que esta si es la peor crisis política e institucional de la que se tenga conocimiento en cuanto a la relación de Cataluña con el Reino de España. Los actos de desobediencia contra los fallos y dictámenes del Tribunal Constitucional, liderados y protagonizados por la Generalitat y el parlamento catalán de mayoría independentista (48%), suponen un desafío claro y el desconocimiento de la legalidad vigente para todos los ciudadanos del estado, que se recoge en la constitución y que fue ratificada, durante la transición y posteriormente en diferentes momentos a lo largo de estos 40 años de democracia por las 17 autonomías que todavía, hasta hoy, integran el estado español.

Carles Puigdemont, como President, encabeza este levantamiento y se ha negado a paralizar esa convocatoria a referéndum que han programado para el próximo 1 de octubre. El Govern y todos los partidos independentistas mantienen el órdago y aseguran que instalarán más de 6 mil urnas para que los catalanes puedan votar.

Los que quieran claro, porque frente a este bloque que defiende ideales como la autodeterminación, el derecho a decidir de los pueblos y la capacidad de estos para determinar su futuro democráticamente; se encuentran la otra mitad de catalanes, representados por los partidos que no apoyan esta decisión unilateral y que defienden la vigencia de las leyes españolas encabezados por el PP y el gobierno central de Mariano Rajoy. El presidente español asegura que dicho referéndum carece de legalidad y que no se realizará.

Pocos días después de la Diada, el Día de Cataluña que se celebra cada 11 de septiembre, dejo ver como desde hace seis años viene ocurriendo, que el deseo de desconexión de España está muy extendido en la gente, en calle y en muchísimos ayuntamientos catalanes. El apego por el ideal independentista ha pasado en estos años de representar a un escaso 13% de los catalanes, hasta lograr controlar el parlamento autonómico con un 48% de diputados. Pero, ¿De verdad va a ser esta la pelea y ruptura definitiva entre dos amantes, hermanos, primos o socios (elija usted con que los quiere comparar, todos los símiles aplican) que han convido juntos durante cientos de años?

Pues todo puede suceder, porque aunque durante estas centurias de historia común las dos, España y Cataluña, se han beneficiado mutuamente, han avanzado, han crecido, han colaborado; También se han mentido, se han engañado y hasta traicionado. Bueno no ellas ni sus gentes, pero si sus reyes, sus dirigentes, sus presidentes, sus políticos de turno o caudillos, que no han dudado en enarbolar banderas o ideales colectivos, como trajes hechos a medida, para imponerse sobre la voluntad de sus contrarios; sin negociación, sin acuerdos, sin diálogo e invisibilizando o incluso haciendo desparecer, esto en otras épocas, cualquier tipo de oposición.

El desdén con que los últimos gobiernos del Partido Popular han tratado el sentimiento nacionalista/soberanista catalán y a sus aspiraciones, ha sido la autentica fabrica de independentistas. Catalanes que si bien entes no sentían como suyos estos principios, los han adoptado como respuesta a la soberbia de este gobierno y al corsé que las leyes estatales les han hecho sentir. Sobre todo después de que el PP recurriera su Estatuto de Autonomía, pese a haber sido aprobado por el Parlament, sancionado por las Cortes Generales de España y votado favorablemente por estos mismos ciudadanos catalanes.

Ahora allí es muy común escuchar eso de España nos ignora, nos roba y nos insulta, sobre todo entre los más polarizados. Y en el otro lado, el resto de España, también oímos perlas como “los radicales catalanes”, son insolidarios, ¿Por qué se creen mejores o con más derechos? Estas arengas solo son formulas distractoras y frases hechas que se arrojan políticos y representantes institucionales, pero que pretenden ocultar las verdaderas razones de porque se ha llegado hasta aquí.

Lo cierto es que, en el supuesto de llegar a celebrarse el referéndum y salir el SÍ ganador, tampoco esto garantizaría nada a los ciudadanos catalanes. Las promesas de sus dirigentes independentistas suenan al cuento de la lechera, ya que la constitución española prevé mecanismos para “hacer valer las leyes” como el llamado articulo 155 por medio del cual se suspenderían las competencia de la Generalidad y el gobierno central de Estado tomaría el control de las instituciones autonómicas apoyado en los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado. Cosa que de otro lado suena a cosa de otras épocas aquí en España.

Pero la postura hostil del gobierno central tampoco ha ayudado, ni ayuda a que pudiera darse un acercamiento y una salida al actual embrollo creado por dirigentes políticos irresponsables, en una y otra postura, que han intentado capitalizar los sentimientos de un pueblo para defender “principios” que cuando se tira de la manta nos damos cuenta que para ellos son espurios.

A partir de hoy quedan 2 semanas en las que tendremos que seguir viendo imágenes surrealistas dignas de las mas enrevesadas películas de Berlanga, con guardias civiles allanando imprentas, decomisando urnas y persiguiendo a los que “trafiquen” con papeletas electorales. Escucharemos declaraciones unilaterales -con intencionalidad de grandilocuente ensoñación independentista- que poco efecto surtirán y si nada lo impide la escenificación de unas votaciones que se quedaran en fiestas populares, en el mejor de los casos o que en el peor de ellos, podrían tornarse en confrontaciones violentas y ahí si no habría ya marcha atrás.