“Si olvido mi lengua materna y los cantos que entona mi pueblo,

de qué me sirven mis ojos y oídos, para qué quiero mi boca”.

Alitet Nemtushkin, poeta de la minoría Evenki (China)

     Silmar Jiménez V.

Existen en el mundo siete mil lenguas, siete mil marcas de identidad, casi madres de quienes habitamos la esfera que llamamos tierra porque es de lo primero que hemos mamado para comunicarnos. Sucede que el 50% de estas madres se encuentra en peligro de extinción. ¿Es justo que las lenguas, los idiomas, los dialectos mueran? ¿Cuál es la consecuencia de esto? ¿Es posible mantener las lenguas existentes a pesar de la globalización?

Según la UNESCO cada quince días muere una lengua por diferentes razones; se extinguen sus hablantes o deja de ser utilizada, también puede verse amenazada por factores externos; económicos, militares, religiosos, culturales o educativos, fenómenos migratorios, el rechazo de una comunidad hacia su propio idioma o la presión para que se utilice solo la lengua predominante en un país. Lo que hay que entender es que cuando muere una lengua, muere el patrimonio cultural de un pueblo, mueren sus leyendas y su cultura, muere su riqueza y su raíz; mueren sus valores, su filosofía, muere una fuente de creación. Lo que hay que entender es que dejar que muera una lengua es comenzar a exterminar una raza, una especie de genocidio.

Al parecer la cacareada globalización de la que se hablaba en el siglo pasado no ha sido más que una utopía, resulta que en realidad se está acabando todo lo que veíamos como ideal y tal parece que el mandarín, el español, el ruso, el inglés, el hindi y el árabe pretenden llegar hasta la última aldea y competir con el Yanomami, el Pemón, el Tuva, el Kasanga, el Quechua, el Guaraní… en las diferentes poblaciones autóctonas los jóvenes son animados a acercarse a los idiomas que les proporcionarán educación y éxito.

La televisión, Internet y todo soporte que permita una visión hacia la sociedad de consumo es imposible de resistir, el éxito se escribe y se habla en inglés y toda sociedad que carezca de presencia en los medios y las tecnologías tiene la batalla del mantenimiento de sus rasgos culturales prácticamente perdida, esto hay que reconocerlo no sin tristeza.

Se puede evitar que este “lengüicidio” se siga produciendo, es preponderante y propicio fomentar el conocimiento de los idiomas y dialectos que se hablan en cada país, que forman parte de su cultura; que por parte de los gobiernos se incentive el plurilingüísmo, su uso y las ventajas que supone conocerles. Así podremos saber cuáles son las leyendas y costumbres Wayúu, cuáles los cultos Nahuatl, por qué luchan los Mapuches, la historia de los Cherokee, o cómo seleccionan sus comidas los pastores de Siberia entre muchos otros.