Este repaso va para todos aquellos que piensan, que creen y actúan con una vara de mando. Piensen ustedes en cualquier nombre, seguro que tienen uno en la cabeza o uno cerca. Lo reconocerán enseguida, siempre dice y repite: “Yo mando”.Lo reconocerán sin dudas, porque actúa como si la ley no existiera, como si el resto del mundo tuviera que callar, aceptar sus mandatos y obedecer sin rechistar… schsss…acatar sin abrir la boca, sin pensar siquiera en nuestra propia naturaleza. La que nos hace ver, la que nos hace sentir, reflexionar, pensar y desear.

“Yo mando y tú a callar”. Esa es la máxima que rige a los que esgrimen el bastón sobre la razón. Los del yo por encima de todos, sobre todos nosotros. Los que toman la vara de mando para usarla contra los demás, contra ti, contra mí, contra el pueblo y los pueblos:
-para machacar ideas y cabezas,
-para destruir anhelos y deseos,
-para aniquilar carnes y sangres,
-para destrozar corazones y esperanzas,
-para devorar el tiempo, nuestro pasado, este presente y el futuro de los hijos y las hijas.

Pensad bien. A ese que utiliza la maza para aplastar vidas…un día le dimos el poder. Consiguió el poder por la fuerza o por la democracia. La forma, para mí, no importa.
Pues bien ese, el que blande el bastón de mando como constante amenaza y arma para la esclavitud bajo sus pies, bajo el dominio de su voluntad y poder. ESE ha de saber que solo el miedo o la complicidad le mantienen arriba, le sostienen en el PODER. No está ahí por su valor, si no por la falta de valor de muchos para acabar con él.

Y ESE debe saber que un día sus ojos verán cómo el VALOR vale cuando se saca, desde dentro, como un grito silencioso imposible de acallar, como una sociedad, un pueblo que puede ponerse en pie y mirar de frente. Y entonces, algunos lo llamarán magnicidio. Yo le llamo justicia y DIGNIDAD. Y esa no nos la pueden quitar, esa es desde la que podemos y tenemos que luchar. Porque hasta el último minuto, hasta el último suspiro en nuestra esencia vive la dignidad.

Irene Serna